Avieno "Ora Maritima"

elected Texts concerning Tartessos and the Spanish coast line in the time before 400 B.C

by Karl Juergen Hepke

Original Spanish text in translation from Latin to Spanish by Vettonio and following English translation
Spanish text from "Celtiberia"

Por otra parte, desde aquí hasta la Isla Sagrada35 (pues así la llamaron los antiguos) una nave tiene un trayecto de dos soles. Esta isla despliega en medio de las olas un amplio territorio y la habita a lo largo y ancho la raza de los hiernos. Cercana, de nuevo, se extiende la isla de los albiones. Y los tartesios36 acostumbraban también a comerciar hasta los confines de las Estrímnides. Incluso colonos de Cartago y la población que habita entre las Columnas de Hércules se acercaban a estos mares; sobre los cuales el cartaginés Himilcón37 asevera que podían ser atravesados en apenas cuatro meses, según él mismo relató haberlo comprobado mediante una navegación. Así, no hay vientos, en una amplia zona, que impulsen al navío;

Se adentra a continuación hacia los abismos marinos el cabo de Venus y la mar brama en torno a dos islas48 deshabitadas por la escasez de espacio vital. El Ario se yergue luego imponente, destacándose hacia el desapacible septentrión; por otro lado, desde aquí hasta las Columnas del poderoso Hércules hay una travesía para las naves de cinco días49.

Después, en plena mar, hay una isla, de abundante vegetación y consagrada a Saturno. Pero el vigor de su naturaleza es tal que, si alguien se acerca navegando hasta ella, al punto se encrespara la mar colindante con esta isla; ella misma tiembla y salta toda su superficie, estremeciéndose profundamente, en tanto que, en el resto, la mar permanece silenciosa a la manera de un estanque50. Acto seguido se yergue un promontorio hacia los aires de Ofiusa y desde el peñón Arvio hasta estos parajes hay un trayecto de dos días51. En cambio, la espaciosa ensenada que se abre desde allí se extiende en lontananza, siendo difícil navegar en su totalidad con un solo viento; pues llegarás al centro si te arrastra el céfiro; el tramo que queda reclama al noto52.

Si a partir de allí alguien se dirige de nuevo a pie hacia la costa de los tartesios, realizará el trayecto en apenas cuatro días; si uno dirige sus pasos hacia Nuestro Mar y al puerto de Malaca, tendrá por delante una ruta de cinco soles53. Luego se alza la mole del cabo Ceprésico54. Por debajo se extiende más lejos la isla llamada Acale55 por sus habitantes. Cuesta aceptar la leyenda que corre sobre esta isla por lo sorprendente del hecho, pero, son tantos los testimonios, que bastan para confirmarlo.

Dicen que en los aledaños de esta isla el abismo marino no presenta nunca el mismo cariz que el resto del mar; de hecho, por doquier las olas poseen un resplandor semejante a la transparencia del cristal y, por las profundidades de la marmórea mar, es verdad que las olas tienen un reflejo azulado. En cambio, allá, la superficie del mar está mezclada con un fango repugnante, según recuerdan los antiguos, y siempre se halla apelmazada como en torbellinos turbios de inmundicias56.

Los cempsos y los sefes dominan las colinas escarpadas de las tierras de Ofiusa; cerca de éstos, el ágil lucio y la raza de los draganos asentaron sus hogares bajo el rigurosamente nevado septentrión57. Por otro lado se halla la isla de Petanio58, hacia la parte de los sefes, y un ancho puerto59. Después, junto a los cempsos se encuentran los pueblos de los cinetes60. A continuación, el cabo Cinético61, en el que mengua la luz sideral y que se yergue a lo alto como el más remoto de la opulenta Europa62, se orienta hacia las aguas saladas del océano, plagadas de monstruos63.

El río Ana64 corre allá por medio de los cinetas y surca sus vegas. Se abre nuevamente un golfo y el territorio se extiende curvándose hacia el mediodía65. Desde este río consignado se desgajan de repente dos ramales y su caudal, como en lenta formación, rechaza las aguas espesas del golfo ya dicho (en efecto, aquí las profundidades son de puro y denso lodo). En esta zona se levanta a lo alto la cumbre de dos islas, la menor carece de nombre y la otra una costumbre insistente la llamó Agónida66.

Aquí se encuentran las amplias costas del golfo travesío83 y desde el río Ana, ya nombrado, hasta estos territorios las naves tienen un día de trayecto84. Aquí se halla la ciudadela de Gadir, ya que en la lengua de los cartagineses se llamaba Gadir a un lugar vallado. Esta misma ciudad fue denominada primero Tarteso85, ciudad importante y rica en tiempos remotos; ahora pobre; ahora empequeñecida; ahora, arrumbada; ahora, en fin, un simple campo de ruinas.

Nosotros en estos parajes, excepto las ceremonias en honor de Hércules, no vimos nada digno de admiración86. En cambio, tuvo tal poderío, incluso tal prestigio en épocas pasadas, si damos crédito a la historia, que un rey altanero, y el más poderoso de todos los que a la sazón tenía el pueblo maurusio, muy estimado por el emperador Octaviano, Juba, entregado siempre al estudio de las letras y alejado por el mar que tenía en medio, se consideraba muy distinguido con el honor del duunvirato en su ciudad87.

Pero el río Tarteso88, fluyendo desde el lago Ligustino89, a campo traviesa, envuelve una isla90 de pleno con el curso de sus aguas. No corre adelante por un cauce único, ni es uno solo en surcar el territorio que se le ofrece al paso, pues, de hecho, por la zona en que rompe la luz del alba, se echa a las campiñas por tres cauces; en dos ocasiones, y también por dos tramos, baña el sector meridional de la ciudad91.

Por su parte, el monte Argentario se recorta sobre la laguna; así llamado en la Antigüedad a causa de su belleza, pues sus laderas brillan por la abundancia de estaño y, visto de lejos irradia más luminosidad aún a los aires, cuando el sol hiere con fuego las alturas de sus cumbres. Este mismo río, además, arrastra en sus aguas raeduras de estaño pesado y transporta este preciado mineral a la vera de las murallas92. A partir de aquí una extensa región se aleja de la llanura de aguas saladas, tierra adentro; la raza de los etmaneos la habita. Y después, por otro lado, hasta los labrantíos de los cempsos, se extienden los ileates sobre tierras fértiles; si bien las zonas marítimas las controlan los cilbicenos93.

A la ciudadela de Geronte y al cabo del santuario, como hemos explicado antes, los separa la salada mar por medio; y entre altos acantilados se recorta una ensenada. Junto al segundo macizo desemboca un río caudaloso. Luego se yergue el monte de los tartesios, cubierto de bosques94.

Enseguida se encuentra la isla Eritía, de extensas campiñas, y en tiempos pasados, bajo jurisdicción púnica; de hecho, fueron colonos de la antigua Cartago los primeros en asentarse en ella. Un estrecho separa Eritía de la ciudadela del continente en tan sólo cinco estadios95.

Por donde se da el ocaso del día, hay una isla consagrada a Venus del Mar, y en la misma un templo de Venus, una ermita en roca viva y un oráculo96.

Cuando se viene desde aquel monte, que te había dicho resultaba temible por sus bosques, se halla un litoral de arenales en suave pendiente, en los que los ríos Besilo y Cilbo derraman sus aguas97.

Después, hacia poniente, alza sus riscos soberbios el peñón Sagrado98. A esta zona, en tiempos pasados, Grecia la denominó Herma. La palabra Herma se refiere a un parapeto del terreno, encarado de frente, y el lugar en sí fortifica el estrecho por ambas bandas99. Otros, al contrario, lo llaman ruta de Hércules; pues, de hecho, se dice que Hércules allanó los mares, a fin de que quedara abierto un camino fácil para el rebaño que había apresado100. Más aún, la mayoría de los autores afirman que aquella Herma estuvo primitivamente bajo jurisdicción de tierra libia. Y no se debe desdeñar la información de Dionisio, quien atestigua y enseña que Tasteso es el límite de Libia101.

En territorio de Europa se levanta el promontorio que, ya lo señalé, sus habitantes llaman Sagrado102. Entre ambos lugares fluye una ligera lengua de agua, la cual antaño se llamó Herma o Camino de Hércules. Euctemón, habitante de la ciudad de Anfípolis, afirma que se extiende en una longitud no superior a las ciento ocho millas y que ambas posiciones distan tres millas103.

Aquí están emplazadas las Columnas de Hércules, que hemos leído son consideradas como el extremo de uno y otro continente. Se trata en realidad de dos peñones parejos que sobresalen, Ábila y Calpe. Calpe se encuentra en territorio hispano, Ábila en el de los maurusios, pues la raza púnica llama Ábila a aquello que constituye un monte alto en lengua bárbara, esto es, en la latina, como afirma el autor Plauto; y, por otra parte, Calpe se denomina en Grecia a aquello que tiene un aspecto ahuecado, con una pinta de un picacho redondeado104.

Afirma también el ateniense Euctemón que no existen allí peñas, ni se alzan cumbres en ninguna de las dos partes; recuerda que entre las campiñas de tierra libia y la costa de Europa se hallan dos islas105; dice que se las llama Columnas de Hércules; refiere que están separadas treinta estadios; que por doquier están cubiertas de bosques impresionantes y que son siempre inhóspitas para los marinos.

Asevera, en efecto, que hay en ellas templos y altares a Hércules, que los bajeles extranjeros se dirigen allí para ofrecer sacrificios a este dios y se van apresuradamente, pues se tiene por impío demorarse en estas islas. Informa que la mar se mantiene tanto en los alrededores como en las cercanías con poquísima profundidad en una amplia área; que los navíos no pueden arribar cargados a estos parajes a causa del poco calado de las aguas y por el espeso fango de la costa. Pero que si alguien tiene el firme propósito de aproximarse allá por el templo en sí, entonces nos informa de que ese tal pone proa hacia la isla de la Luna, librar de carga a la nave y, aun así, aligerada la lancha, apenas logra desplazarse sobre las saladas aguas.

En cambio, el tramo de oleaje agitado que se extiende entre las Columnas, afirma Damasto que no llega a los siete estadios. Escílax de Carianda asegura que la corriente que hay entre las Columnas tiene la misma extensión que las aguas del Bósforo106.

Más allá de tales Columnas, por la parte de Europa, los habitantes de Cartago tuvieron antiguamente caseríos y ciudades, aunque tenían la siguiente costumbre: la de construir naves de fondo muy llano, de modo que el esquife, más ancho, pudiese deslizarse por la superficie de una mar de muy poco calado107.

Sin embargo Himilcón cuenta que desde estas Columnas hasta la zona occidental existe un abismo marino ilimitado, que la mar se extiende a lo ancho, que se despliega un salado mar. Nadie se aventuró en estas aguas, nadie metió sus carenas en aquel llano marino, bien porque falten en alta mar auras que las impulsen, bien porque ningún soplo del cielo empuje la popa, o incluso porque la calina revista el aire con una especie de velo, bien porque la niebla oculte permanentemente el abismo marino y se mantenga un muy espeso nublado durante el día108.

Se trata de aquel Océano que brama en lontananza alrededor del orbe inmenso, ése es el mar más grande. Este abismo marino rodea las costas, éste es el que surte al salado mar Interno, éste es el progenitor de Nuestro Mar; de hecho, arquea desde fuera las aguas de numerosos golfos y la energía de sus profundidades se desliza dentro de nuestro universo. Pero nosotros te hablaremos de los cuatro más grandes109.

Así, la primera irrupción del océano en tierra firme es el fluctuante mar Hesperio y el salado mar Atlántico110; a continuación, el oleaje Hircano: el mar Caspio111; el salado mar de los indios: el dorso del mar Pérsico112, y el abismo marino Arábigo113, ya bajo el cálido noto. A éste una antigua usanza lo llamó antaño Océano y otra costumbre lo denominó mar Atlántico114. El abismo de este mar abarca una amplia extensión y se alarga enormemente en confines imprecisos. Por lo general, además, este salado mar se extiende tan poco profundo, que apenas llega a cubrir las arenas del fondo. Por otra parte, una urchilla copiosa rebosa sobre el abismo marino y el oleaje es aquí neutralizado por esta ova; las bestias nadan violentamente por medio de todo el ponto y un pánico intenso mora en estas aguas a causa de los monstruos.

El cartaginés Himilcón refirió en tiempos pasados que él lo había contemplado y comprobado personalmente en la superficie del océano. Nosotros te hemos transferido esta información, transmitida durante mucho tiempo por los anales confidenciales de los púnicos115. Pero ya es hora de que mi pluma vuelva al objetivo anterior.

Por lo tanto, frente a la Columna Libístide, tal y como había dicho, se alza otra en territorio de Europa116. Aquí el río Criso penetra en el hondo abismo marino117. Por el lado de allá y el de acá, habitan cuatro pueblos, pues en estos parajes se encuentran los arrogantes libifenicios; se hallan aquí los masienos; están también los reinos selbisenos, de campos feraces, y los ricos tartesios, que se extienden hasta el golfo Caláctico118.

Además, próximos a éstos aparecen luego el macizo Barbecio119 y el río Malaca, junto con la ciudad del mismo nombre, que en el siglo pasado se llamó Menace120. Allá, bajo dominio de los tartesios, hay una isla frente a la ciudad, consagrada desde antiguo por sus habitantes a Noctiluca121. En esta isla hay asimismo una laguna y un puerto seguro. La ciudadela de Menace se halla por encima. Hacia donde esta región se aparta de las olas, se yergue el monte Siluro122 con su alta cumbre.

A continuación sobresale una peña enorme123, que se adentra en la profundidad de la mar. Una pineda, en otros tiempos frondosa, le dio nombre en griego; y el litoral se abaja hasta el santuario de Venus y el cabo de Venus124. Asimismo en esta costa se alzaron antaño numerosas ciudades y abundantes grupos de fenicios controlaron antes estos lugares. En cambio, ahora, este territorio, ya solitario, despliega simples arenales inhóspitos y las campiñas, privadas de labriegos, se echan a perder y son un erial 125.

A partir del cabo recóndito de Venus puede contemplarse Herma 126 en lontananza, en territorio libio, que antes he citado. La costa se extiende aquí de nuevo, desprovista ahora de pobladores, en realidad, puros terrenos abandonados. Antiguamente también aquí se alzaron a la vista muchísimas ciudades y numerosos pueblos frecuentaron estos lugares. Después, el puerto Namnacio se arquea desde la profunda llanura marina, próximo a la ciudadela de los masienos y al fondo de esta ensenada se alza con sus altas murallas la ciudad Masiena127.

Luego sobresale el promontorio de Trete128 y, al lado, se halla la insignificante isla Estróngile129. Acto seguido, en los aledaños de esta isla, una laguna de enorme amplitud ensancha sus riberas130. Allá el río Teodoro131 (y no te sorprendas de oír en un paraje sin civilizar y bárbaro un nombre en la lengua de Grecia) desemboca lentamente. Los fenicios fueron los primeros en habitar estos lugares.

De nuevo se extienden desde aquí arenales por la costa y tres islas132 circundan en toda su amplitud esta costa. Aquí en tiempos pasados estuvo la frontera de los tartesios133, aquí existió la ciudad de Herna134. El pueblo de los gimnetes se había aposentado en estos parajes135. Ahora, en cambio, abandonado y despoblado desde hace tiempo, el río Alebo corre rumoroso sólo para sí136.

Que aquí estuvo la ciudad de Cipsela162 es ya tan sólo un recuerdo, pues el escabroso suelo no conserva ningún vestigio de la ciudad primitiva. Allá se abre un puerto en un golfo enorme y el mar se mete anchamente en la tierra arqueada163.

Tras esto, se alarga la costa indicética, hasta el extremo de la sobresaliente Pirena164. Después de aquel litoral, que dijimos se extendía un trecho en ligera pendiente, se destaca el monte Malodes165, donde entre las olas sobresalen dos escollos166 y sus dos cimas se alzan a lo alto de las nubes; en medio de ellos, por otra parte, se halla un puerto holgado y la llanura marina no está sometida a ningún viento; pues las cumbres de los peñones, con sus escolleras por delante, ciñen a lo largo y ancho todos los flancos y entre los roquedales el abismo marino se resguarda tranquilo, reposa la mar, el piélago permanece inmóvil en su encierro.

Luego sigue la marisma de Tono167, a los pies de unos montes, y se alza el macizo del peñón Tononita168, a través de los cuales el rumoroso río Anisto169 hace correr el caudal espumeante de sus aguas y corta el mar salado con su oleaje. Esto es lo que hay junto a las olas y las saladas aguas.

En cambio, todo el territorio que se aleja del profundo abismo marino, lo poseyeron los ceretes y, antes, los duros ausoceretes 170, que ahora, bajo el mismo nombre, son uno de los pueblos iberos. Luego, en fin, el pueblo sordo 171 habitaba en parajes intrincados y se extendían hasta llegar al mar Interno, por donde se hallan las cumbres de Pirena, rebosantes de pinos; vivían en medio de guaridas de fieras, dominando en un amplio sector no sólo campiñas sino también el abismo marino.

En los confines del territorio sordiceno se dice que en otro tiempo hubo una ciudad 172, en las laderas de Pirena, de hogares prósperos y que aquí los habitantes de Masilia173 iban y venían frecuentemente haciendo negocios. Pero hasta Pirene, desde las Columnas de Hércules, desde el abismo marino Atlántico y el límite de la costa del Céfiro, una nave rápida tiene una carrera de siete días 174.

Tras el macizo del Pirineo se extienden los arenales del litoral cinético175, a los que surca a lo largo y ancho el río Roscino176. Esta región pertenece, como hemos dicho, al territorio sordiceno. Aquí se extienden una laguna y un pantano de gran amplitud sin duda, al que sus habitantes llaman Sordice177.

Leer más: http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=374#ixzz29BjD33XM

Translation into English by Karl Juergen Hepke

Text concerning Tartessos or the catastrophe of Atlantis is in broad letters

On the other hand, from here to the sacred island 35 (thus called it the old ones) (Ireland?)a ship has a distance of two suns. This island unfolds in the midst of the waves a wide territory and inhabits the length and breadth the race of the Hiernos. Nearby, again, extends the Albiones island.(England)

The Tartessians 36 used also to trade to the ends of the Estrimnides. Even settlers of Carthage and the population that lives between the columns of Hercules approached these seas; of which the Carthaginian Himilcon 37 asserts , that" it could be traversed in hardly four months," according to his story , having checked it through a navigation, "because there are no winds in a wide area, to promote the ship."

Than sticks out into the depth of the sea the cape of Venus (Brittany?)and the sea roars around two islands 48 uninhabited by the shortage of living space. The Ario stands then magnificent, spreading unto the unpleasant North. On the other hand, from here to the columns of the mighty Hercules there is a voyage for ships of five days. 49

Later, in full sea, there is an island, with abundant vegetation and dedicated to Saturn. But the vigor of its nature is such that, if someone is about to navigate to it, the sea will froth to the point adjacent to this island; she shakes and jumps all over its surface, by shivering deeply, so much as that, in the rest, the sea remains silent in the manner of a pond 50. In the following there stands a promontory unto the airs of Ofiusa and from El Penon Arvio to these places there is a journey of two days. 51.

In contrast, the spacious bay that opens from there, extending wide, is being difficult to navigate in its entirety with a single wind; because you'll end up in the centre if you have the Zephyr; the other part demanding the south wind 52.

If from there someone turns back to go to the coast of the Tartessians, the journey will take just four days; if one directs his steps to our sea and to the port of Malacca, you will have a path ahead of five suns 53.

Then rise the cape mole of Cepresico 54. Below extends far beyond the island called Acale 55 by its inhabitants. I find it hard, to accept the legends that runs on this island by the surprising things about the fact, but there are so many testimonies, which are sufficient to confirm it.

They say, that in the immediate vicinity of this island marine depth never presents the same appearance as the rest of the sea; in fact, everywhere the waves have a glow similar to the transparency of glass and, to the depths of the marbled sea , it is true , that the waves have a blue reflection. In contrast, beyond, the surface of the sea is mixed with a repugnant mud, according to the stories of the old, and is always evidently clumpy as in tourbillons of shady dirt 56.

The Cempsos and the Sefes dominate the rugged hills of the land of Ofiusa; close to these, the agile pike and the race of the dragons settled their homes under the rigorous Septentrion covered with snow 57 . On the other side is the island of Petanio 58, toward the part of the Sefes and a wide harbor.59. Next to the Cempsos are the peoples of the Cinetes 60. Then cape Cinetico 61, in which the star light reduces and that rises to the top as the most remote of the rich Europa 62. It is turned to the salty waters of the ocean, plagued by monsters 63.

 

The Rio Ana 64 runs there in the mid of the Cinetes and irrigates their fields. There opens another gulf and the territory extends in curves to mid-day 65. From this good known river are going out repeatedly two arms , and its thick flow, as in slow training, rejects the waters of the said gulf already thick (in effect, here are the depths of pure and dense mud). In this area are rising to the summit two islands, the lesser has no name and the other calls an insistent custom Agonida66

. Here are the wide coastlines of the gulf Tartessico83 and from the river Ana, already named, to these territories the ships have a way of a day 84. Here you will find the city of "Gadir", already in the language of the Carthaginians was called "Gadir" a place with a fence.

This same city was called first Tartessos 85, an important city and rich in ancient times; now poor; now dwarfed; now, scattered; now, finally, a simple field of ruins. We in these places, except the ceremonies in honor of Hercules, we did not notice anything worthy of admiration here 86. On the other hand, it had such power, even such prestige in the past, if we give credit to the history. That a king glorious, and the most powerful of all, that at that time the people of Maurusio had, highly esteemed by the emperor Octavian, Juba, always delivered to the study of the letters and alienated by the sea , that was in the middle, considered himself very distinguished with the honor of the ushering in his city. 87.

But the Tartessos 88 river, flowing from the Lake Ligustino 89 through the fields, surrounds an island 90 fully with the course of its waters. There is no forward flow by a single channel, nor is it one only in crossing the territory ,which offers him to step, since, in fact, by the area in which breaks the light of dawn, it goes through the fields with three channels; in two opportunities, and also by two arms, it bathes the southern sector of the town 91.

For its part, the Monte Argentario becomes apparent on the lagoon; so-called in ancient times because of its beauty, because its slopes are shining by the abundance of tin and, seen from afar, it radiates more luminosity even to the airs, when the sun meets with fire the heights of its summits. This same river, in addition, drags in its scraping waters heavy tin and carries this precious ore to the boards of the walls 92.

From here an extensive region goes away from the plain of salty waters to inland; the race of the Etmaneos inhabits it. And then, on the other hand, up to the arable of the Cempsos, extend the IIeates on fertile land; while the maritime zones are controlled by the Cilbicenos93.

At the town of Geronte and at the end of the sanctuary, as we have explained before, them separates the salt sea by half; and between high cliffs is clipped a cove. Second massif beside the mouth of a river flowing, then perches a mount of Tartessian land, covered with wood. 94.

There is then the island Eritia, with extensive fields, and in times past under jurisdiction Punic. It were, in fact, settlers from the old Carthage the first to settle in it. A strait separates Eritia from the citadel on the continent of just five estadiums 95.

Where is the twilight of the day, there is an island devoted to Venus of the Sea, and in the same a temple of Venus, a hermitage in live rock and an oracle 96. When you come from that mountain, you had said it was frightening in its forests,Then there is a coastline of sandy beaches in gentle slope, where the rivers Besilo and Cilbo shed their water 97.

Later, to the west, the Penon Sagrado 98 rises proudly its crags. This area, in times past, Greece called "Herma". The word "Herma" refers to a balustrade of the field, faced front, and the place itself fortifies the strait by two bands 99. Others, on the contrary, call it a path of Hercules; because, in fact, it is said that Hercules paved the seas, so that will be open an easy way for the herd, that he had captured. 100 Further, most of the authors claim, that Herma was primitively land under the jurisdiction of Libya.And it must not be overlooked the information of Dionysius, who testifies and teaches that Tartessos is the limit of Libia101.

In the territory of Europe is lifted off the promontory, as I have already pointed out, its inhabitants call Sagrado 102. Between both locations flows a slight tongue of water, which was formerly called "Herma" or path of Hercules. Euctemon , inhabitant of the city of Anfipolis, asserts, that it extends over a length not exceeding one hundred eight miles and that both positions have a distance of three miles 103.

Here are located the Pillars of Hercules, which we have read are considered as the end of one and the other continent. There are in fact two rocks paralleling that protrude, Ábila and Calpe. Calpe is located in territory Hispanic, Ábila in that of the Maurusios, because the race Punic says Ábila to what constitutes a high mountain in language Barbarian. This is, in Latin, as the author Plautus confirms; and, on the other hand, Calpe is called in Greece that , what looks hollowed out, with an end of a peak rounded off. 104

Also affirms the Athenian Euctemon, that there are no cliffs, or stand summits in any of the two parts; and says also, that between the fields of the land Libya and the coast of Europe are two islands 105. He says that these are called Pillars of Hercules; tells that they are thirty stadiums separated; and that everywhere they are covered with big forests and always inhospitable for the marine. He says, in effect, that there are temples and altars to Hercules, that the foreign ships are directed there to offer sacrifices to this god . They part from it hastily, because they think it godless to stay in these islands.

He reports, that the sea is maintained both in the surrounding area and nearby, with very little depth in a wide area; that the ships cannot dock loaded to these places , because of the shallow water and the thick mud of the coast. But that, if someone has the firm intention of approaching beyond by the temple itself, he informs us, that this first puts bow to the island of the Moon, gets rid of load to the ship and, even so , lightened the boat, can barely move on the salty waters.

At the other side says Damasto, the extension of the waves agitated , that flows between the columns, does not reach seven stadiums. Escilax of Carianda ensures, that the flow between the columns has the same extension as the waters of the Bosphorus 106.

Beyond these columns, on the side of Europe, the inhabitants of Carthage had formerly hamlets and cities, Also they had the following custom: the construction of ships with a fond very shallow, so that the lifeboat, more wide, could slide along the surface of a sea of little depth 107.

However Himilcon says, that from these columns up to the western area there is a unlimited marine abyss, which the sea stretches out to the width and extends to a salty sea. No one ventured into these waters, no one got his keel into this wide sea , either because they are missing on the high sea winds that could drive them, either because no breath of heaven pushes the stern, or even because a brume covers the air with a kind of veil, because the fog hides permanently the abyss marin and keeps a very thick cloud during the day 108.

This is the ocean, that goes around the immense world circle and is the largest sea. This deep sea surrounds the marine coasts, this is that provides the internal salten sea , this is the parent of our sea; in fact, from it comes the waters of numerous gulfs and the energy of its depths slides within our universe. But we'll talk about the four most great seas 109.

As well, the first eruption of the ocean in mainland is the fluctuating Hesperio sea and the salty Atlantic sea110. Then the water Hircano: the Caspian sea 111; the salty sea of the Indians: the back of the Persian Sea 112, and the abyss Arabico 113 , already under the warm south wind.

What called an old-fashioned custom in former times" ocean" and another custom termed it" Atlantean sea" 114 the abyss of this sea covers a wide extension and lengthens greatly in confines imprecise. In general, in addition, this salty sea extends so shallow, that it barely covers the sands of the fond. On the other hand, an alga amply overflows the abyss of the sea and the swell is neutralized here by this alga; the beasts swim violently through the entire sea and a panic intense is always in these waters because of the monsters.

The Carthaginian Himilcon spoke in times past ,that he had personally witnessed and verified it on the surface of the ocean. We'll have transferred this information, transmitted for a long time by the annals of the confidential Punicos 115. But it is time for my pen again to go to a previous target.

Therefore, in front of the column Libistide, as we have said, another one is in the territory of Europa116. Here the river Criso penetrates the deep abyss of the sea 117. By the side of beyond and nearby, live four sort of people. First in these places are the arrogant Libifenicios; then are here the Masienos and also the kingdoms Selbisenos, with fruitful fields, and then the rich Tartessians, stretching out unto the gulf Calactico 118.

In addition, next to these appear then the massif Barbecio119 and the Malaka River, together with the city of the same name, which in the last century was called Menace 120. There, under the domination of the Tartessian, is an island in front of the town, from old consecrated by their inhabitants to Noctiluca 121. On this island there is also a lagoon and a safe harbor. The citadel of Menace is above. This region unto where it departs from the waves, stands Mount Siluro 122 with its high summit.

Then protrudes a rocky mountain enormous 123 who goes into the depth of the sea. A pine forest, in other times leafy, gave her name in Greek; and the shoreline goes down up to the shrine of Venus and the cape of Venus124.Also in this coast rose once numerous cities and abundant groups of Phoenicians controlled before these places. On the other hand, now, this territory, already solitary, deploys simple sandy places inhospitable where private farmers, try to gain their living and fallow land 125. From the Cape of Venus can be seen Herma 126 in a distance , on Libyan territory, which I mentioned earlier.

The coast extends here again, now devoid of people, in reality, pure derelict land. Formerly also here rose to view many cities and many villages frequented these places. Then, the port Namnacio arches from the deep marine plains, next to the citadel of the Masienos and on the fond of this cove stands with their high walls the city Masiena 127.

Then protrudes the promontory of Trete 128 and beside it is the negligible Estrongile 129 island. Then, in the outskirts of this island, a lagoon of enormous size widens its shores 130. There the rio Teodoro 131 (and don't be surprised to hear in a spot without civilization and barbarian a name in the language of Greece) empties slowly. The Phoenicians were the first to inhabit these places.

Again extend from here beaches along the coast and three islands132 surround in all its breadth this coast. Here in the past was the border of the Tartessian 133, and existed the town of Herna 134. The people of the Gimnetes now have taken possession of this land 135. Now, in contrast, abandoned and uninhabited for a long time, the river Alebo runs with artful skill only for them 136.

That here was the city of de Cipsela 162 is now just a memory, because the rocky soil does not retain any vestige of this first city. Beyond a port is opened in a huge gulf and the sea gets widely into earth in a bow.163. After this, extends the coast Indicetica, until the end of the outstanding Pirena 164.

After that coastline, which we said is stretched a long way with a slight slope, protrudes the mountain Malodes 165, where between the waves protrude two reefs 166, and its two peaks rise to the top of the clouds; in the midst of them, on the other hand, there is a comfortable port marine whose surface is not subject to any wind; because the summits of the rocks, with its breakwaters ahead, go along and width of all the flanks and between the rocks the abyss is sheltered and quiet, here rests the sea, a water permanent silent in their protection.

Then follows the morass of Tono 167, at the foot of a few mountains, and it rises the massif of the Peñon Tononita 168, through which the river Anisto169 with artful skill makes run the flow of its sparkling water and shorts the salty sea with its waves.

This is what there is next to the waves and the salty waters.

On the other side, all the territory that stretches away from the deep abyss of the sea is in possession of the Ceretes and before, the hard Ausoceretes 170, that are now, under the same name, one of the Iberian peoples.

Then, in the end, the people Sordo 171 live in intricate landscapes and extend until you reach the inner sea, where are the summits of Pirena.., bursting with pines; standing in the midst of caves of wild beasts, dominating in a broad sector not only the land but also the marine abyss. At the confines of the territory Sordiceno it is said, that in other times there was a town 172, on the slopes of Pirena with prosperous households and that the inhabitants of Masilia 173 came and went frequently doing business there.

But to Pyrene, from the Columns of Hercules and the abyss marine Atlantic and the boundary of the coast of the Cefiro, a quick ship has a way of seven days 174.

After the massif of the Pyrenees are extending the beaches of the coast Cinetico 175, on which passes through wide and large the river Roscino 176 . This region belongs, as we have said, to the territory Sordiceno. Here is extening a lagoon and a swamp of large amplitude without doubt, which its inhabitants call Sordice177.

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DIE GESCHICHTE VON ATLANTIS, der vergessene Ursprung unserer Kultur
von Karl Juergen Hepke
TRIGA-DER VERLAG, 2.Aufl. 2008, Hardcover, 268 Seiten, Eur 22,00 , ISBN 978-3-89774-539-1

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